La nueva ubicación de la escultura Las Tres Gracias, del artista Sergio Garval, en la Plaza de la República, ha generado opiniones entre integrantes de la comunidad artística, quienes coinciden en que el cambio ofrece mejores condiciones de apreciación, aunque también abre cuestionamientos sobre el proceso de decisión y la pertinencia del espacio.A diferencia de su anterior emplazamiento en el camellón de Fuelle y Lázaro Cárdenas, donde el flujo vehicular dificultaba la contemplación de la obra, el nuevo sitio permite a los visitantes caminar entre las piezas y observarlas con mayor detenimiento. Además, se trata de un punto con alta afluencia peatonal y vehicular, dentro de una zona recientemente rehabilitada.Sofía Crimen, escultora tapatía, consideró que la Plaza de la República es un “buen lugar para una escultura pública de gran tamaño”, al destacar que las dimensiones de la obra -de entre 7.5 y 9 metros de altura- requieren un espacio amplio que permita múltiples puntos de vista. “Es un cruce amplio en el que nos permite tener tres puntos de vista a distancia. Si vas en auto, al parar en el semáforo, también puedes apreciarla. Pero, ¿esto es lo que el artista busca?”, cuestionó.En el mismo sentido, el escultor Jorge de la Peña subrayó que se trata de una pieza que exige tiempo y distancia para ser comprendida. Señaló que aspectos como la iluminación natural, la altura y los ángulos de observación son determinantes para su correcta apreciación. “El objetivo es que la pieza le haga un honor a la ciudad y la ciudad le haga un honor a la pieza”, expresó. Por su parte, la escultora Claudia Rodríguez reconoció que el nuevo emplazamiento favorece la visibilidad de la obra, pero advirtió posibles conflictos con actividades que se desarrollan en la zona, como el tianguis de antigüedades que se instala los domingos. También destacó la necesidad de que la comunidad se apropie de la escultura para garantizar su cuidado y permanencia.Los tres especialistas coincidieron en que el espacio ideal para una obra pública debe definirse en diálogo con su autor. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no se había obtenido respuesta del escultor Sergio Garval sobre si fue consultado o cuál es su postura ante la reubicación.El cambio fue avalado por el cabildo de Guadalajara. El regidor Salvador Alcázar Mendívil aseguró que la decisión incluyó la opinión de expertos y busca fomentar una nueva tradición de identidad y apropiación en la ciudad. La reubicación de esculturas en Guadalajara no es un hecho aislado. En 1997, la obra La Estampida, del escultor Jorge de la Peña, fue trasladada al cruce de López Mateos y Niños Héroes, hoy conocido como la Glorieta de los Caballos.De acuerdo con el propio artista, el cambio se realizó en coordinación con el entonces alcalde César Coll Carabias, quien consultó directamente con él antes de tomar la decisión. Ambas partes acordaron el nuevo emplazamiento, considerando factores como visibilidad, escala urbana y relación con el entorno.Para De la Peña, este antecedente ilustra la relevancia de involucrar a los creadores en la definición del destino de sus obras. Señaló que los artistas cuentan con una sensibilidad particular para evaluar si una pieza se integra adecuadamente al espacio público.Este caso contrasta con el actual debate en torno a Las Tres Gracias, donde persiste la incógnita sobre la participación de su autor en el proceso. CT