Durante casi cuatro décadas, Selva Mágica fue mucho más que un parque de diversiones para Guadalajara. Para miles de tapatíos, sus instalaciones en Huentitán fueron escenario de cumpleaños, excursiones escolares, domingos familiares y primeras experiencias frente a una montaña rusa. Este martes, el parque cerró oficialmente sus puertas, poniendo fin a una historia que comenzó en 1988 y que quedó ligada a la memoria de varias generaciones.Una visita a Selva Mágica significaba pasar el día entre gritos, risas y largas filas para subir a los juegos. El ruido de las atracciones se mezclaba con el olor de la comida y el paisaje arbolado de la zona del Zoológico Guadalajara, creando una postal que muchos tapatíos todavía recuerdan.El parque llegó a contar con más de 32 atracciones para diferentes edades. Había opciones tranquilas para los más pequeños y juegos capaces de provocar gritos. Recorrer sus instalaciones significó pasar de una atracción a otra, hacer fila con amigos o familiares y decidir quién tendría el valor suficiente para subir a los juegos más extremos.Entre las atracciones más emblemáticas estuvo El Titán, una de las montañas rusas que definieron la identidad de Selva Mágica. Sus recorridos, curvas, descensos y velocidad lo convirtieron en uno de los principales desafíos para quienes buscaban adrenalina.También estuvo G-Force, una atracción diseñada para generar la sensación de caída libre, y Bullet, que elevaba rápidamente a sus pasajeros antes de devolverlos a tierra a gran velocidad. El Bat Flyer añadía movimientos pendulares y giros que aumentaban la sensación de vértigo.Los Troncos acuáticos fueron otro de los clásicos. El recorrido terminaba con un descenso que garantizaba un buen chapuzón y, en muchas ocasiones, ropa mojada para el resto del día. Para quienes preferían competir a bordo de un vehículo, la pista de Fórmula 1 ofrecía carreras de karting.Selva Mágica también reservaba un espacio para quienes todavía no estaban preparados para los juegos extremos. La Zona Sésamo llevó al parque atracciones inspiradas en los personajes de Plaza Sésamo, entre ellas Las Burbujas de Enrique, el Carrusel Vaquero, las Galletas Voladoras y el Laberinto de Óscar.Así, mientras unos buscaban la emoción de El Titán o G-Force, otros podían disfrutar de juegos pensados para niños y familias. Esa variedad convirtió al parque en un sitio donde distintas generaciones podían divertirse durante una misma visita.El cierre de Selva Mágica pone fin a una etapa del entretenimiento tapatío. Sin embargo, sus juegos mecánicos permanecen ligados a los recuerdos de quienes alguna vez sintieron el estómago subir durante una caída, terminaron empapados en Los Troncos o reunieron valor para subir por primera vez a una montaña rusa.SV