Se llama Wami. Tiene quince años, pesa cerca de dos toneladas, y llegó a Guadalajara la madrugada de este martes, luego de una travesía agotadora de 35 horas en la que cruzó un continente y un océano entero. Viene, nada más y nada menos que desde París. Desde el aeropuerto, donde ya lo esperaban con ansiedad y expectativa, fue escoltado por una comitiva numerosa de biólogos expertos en sus misterios, policías viales y demás curiosos, que miraban el prodigio recorriendo las avenidas y las calles de la ciudad como si fuera una cosa de gitanos; cuatro tráileres con enormes contenedores misteriosos.Wami arribó, junto a tres ejemplares de su misma especie, al Zoológico de Guadalajara alrededor de las 9 de la mañana. El personal del complejo se preparaba para el suceso. Iban y venían de un lado para otro, despejaban las entradas, acomodaban los caminos, despejaban a los inoportunos del tránsito grande. Su destino es una especie de corral enorme, reforzado con cuerdas de acero, condicionado a unos cuantos metros de los precipicios de huizaches de la Barranca de Huentitán, donde Wami pasará algunos días observando los precipicios reverdecidos por las lluvias, los ocotes descarapelados, y los vientos calientes que nada tienen que ver con los climas intempestivos de París. Pero antes de eso, fue necesario sacarlo de su contenedor, una caja de metal que ya se estremecía con los bufidos y los movimientos del coloso.No fue una hazaña fácil. Wami pesa dos toneladas. Fue necesaria una grúa, con la cual fue colocado en el piso en la entrada de su nuevo hogar momentáneo, y hacerlo sentir cómodo para que se decidiera a salir de su cáscara de metal. Por primera vez, le dio la luz del sol de Guadalajara. Biólogos y trabajadores del zoológico intentaban motivarlo para que caminara fuera del contenedor. Su cuidador, empapado en sudor, le hablaba en un francés de consolación, pero esas artimañas tampoco tuvieron efecto para desorientarle el miedo.Había pasado horas enteras en oscuridad, y ahora estaba en un mundo que no conocía, ante una horda de camarógrafos y fotógrafos inoportunos, y desconocidos sonrientes que le ofrecían pasto suculento en un idioma insospechado. Wami resoplaba. En su piel, como pliegues de roca, rebotaba el sol. El enorme cuerno asomándose entre los barrotes del contenedor. Los ojos, infinita e irremediablemente tristes, una tristeza contradictoria en un ser que, como a él, le basta un empujón para mandar por los aires a todos quienes lo rodeaban y estaban ahí presentes. Finalmente, casi una hora después, Wami se decidió. Salió del contenedor, reconoció el espacio, olfateó el alimento, hundió el hocico en el agua, y levantó un enterregadero con cada uno de sus pasos portentosos.Wabi fue el primero de cuatro rinocerontes blancos (Ceratotherium simum) que pisó su nuevo hogar en el Zoológico de Guadalajara la mañana de este miércoles, luego de una odisea de casi 10 mil kilómetros por viento, tierra y mar. Llegó acompañado de otros tres ejemplares de su especie, Salma, Moana y Lewa, procedentes desde Alemania y Francia. Salma y Moana, de 5 y 9 años, llegan desde el Serangeti Parl Hodenhagen, en Alemania; Lewa, de 4 años, viene desde el Safari de Peaugres, en Francia. Wami, el mayor del grupo y único macho, vivía en el Zoológico de París.“Todos llegaron en muy buenas condiciones. La realidad es que todo el traslado se llevó a cabo sin mayores contratiempos. Los animales respondieron muy bien. Durante meses estuvieron siendo entrenados para este momento, para este viaje, y respondieron como esperábamos”, explicó Luis Soto Rendón, médico veterinario zootecnista y director general del Zoológico de Guadalajara.El traslado requirió una extensa planeación entre especialistas de cuatro instituciones zoológicas europeas y mexicanas. Durante meses, los rinocerontes fueron acostumbrados a ingresar en las cajas de transporte, permanecer dentro de ellas y familiarizarse con los sonidos que escucharían durante el recorrido. Ahora comienza una nueva etapa. Los cuatro animales permanecerán en cuarentena y bajo observación veterinaria durante los próximos meses, mientras se acostumbran a las condiciones climáticas de Guadalajara y a los espacios construidos especialmente para recibirlos.Su destino definitivo será el safari Maasai Mara, donde los visitantes podrán observarlos cuando concluya su adaptación. Soto Rendón estima que estarán a la vista del público a más tardar durante la próxima Semana Santa del 2027. Pero la llegada de estos animales responde también a un propósito que trasciende su exhibición. “Los zoológicos modernos hoy en día son como arcas modernas de Noé, en las cuales preservamos especies para las que muy probablemente sea la última oportunidad el espacio que tienen los zoológicos”, señaló el director.El Zoológico de Guadalajara fue seleccionado para participar en un programa internacional de conservación impulsado por la Asociación Europea de Zoológicos, cuyo objetivo es mantener poblaciones reproductivas de rinocerontes blancos bajo cuidado profesional y contribuir, a largo plazo, a la recuperación de la especie en su hábitat natural.La caza furtiva y la destrucción de los ecosistemas africanos han reducido las poblaciones de estos animales. El caso más extremo es el del rinoceronte blanco del norte, una subespecie de la que sobreviven únicamente dos hembras. El proyecto en el que participa Guadalajara busca evitar que una situación semejante alcance a los rinocerontes blancos del sur, a los que pertenecen los cuatro recién llegados. “Lo que buscamos es que en algún momento podamos regresar probablemente a los nietos de estos rinocerontes a su hábitat natural, que pudieran a través de este programa repoblar las praderas africanas que habitaban”, explicó Soto Rendón.A sus quince años ha alcanzado la madurez sexual y se espera que, cuando las tres hembras estén listas, el grupo pueda reproducirse. Los ejemplares permanecerán de manera definitiva en Guadalajara, aunque sus futuras crías podrían trasladarse a otras instituciones participantes. Soto Rendón considera que las condiciones de Guadalajara favorecerán la adaptación de los animales. El clima, la atención veterinaria y las instalaciones preparadas para recibirlos permitirán, según sus expectativas, que comiencen una nueva etapa reproductiva.“Para el zoológico es un orgullo poder recibir a estos cuatro rinocerontes blancos en sus instalaciones, no solo por lo atractivo que resulta esta especie, sino por la participación de nuestra institución, por la representación de nuestro continente, de México, a través de Guadalajara, en este programa de conservación”.Mientras tanto, Wami comienza a familiarizarse con su nueva casa. Atrás quedaron las largas horas de encierro, los ruidos del aeropuerto, el movimiento de los tráileres y aquella caja metálica que parecía demasiado pequeña para contener semejante criatura.Ahora tiene frente a sí los árboles de la barranca, el calor de Guadalajara y un territorio desconocido que deberá aprender a reconocer. Lejos de París y de los cuidadores que conoció durante años, el enorme rinoceronte ha comenzado otra vida. Quizá algún día, entre los mismos corrales donde hoy camina con cautela, nazcan los descendientes que permitan prolongar la historia de su especie.Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp https://www.whatsapp.com/channel/0029VaAf9Pu9hXF1EJ561i03BB