La relación entre México y España se define por una dualidad histórica innegable: una profunda conexión cultural y un vínculo político marcado por tensiones recurrentes. Esta "relación tormentosa y amorosa", como la describe el periodista Diego Petersen en su columna reciente, ha vuelto a colocarse en el centro de la agenda diplomática mexicana, buscando superar las fricciones heredadas de la administración anterior.Petersen subraya que, históricamente, los conflictos entre ambas naciones han sido más de índole política que cultural. El único periodo de ruptura diplomática real se gestó durante la dictadura franquista, una distancia superada por la fuerte influencia de la migración española en México.Sin embargo, el columnista advierte que las tensiones han tenido momentos de despropósitos diplomáticos, como el fallido nombramiento de Gustavo Díaz Ordaz como embajador ante el rey Juan Carlos en 1977, un hecho que, a pesar de su magnitud, no derivó en las exigencias de disculpas que marcaron años recientes.La exigencia de disculpas públicas por los abusos de la Conquista, impulsada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, provocó un enfriamiento significativo en la que Petersen denomina la "segunda relación económica y cultural más fuerte para México", únicamente superada por Estados Unidos.Ante este panorama, el columnista analiza la postura de la actual Presidenta:"Sin poder llamarle por su nombre a la pifia diplomática de López Obrador, cuya visión del mundo no iba más allá de su propio ombligo, Claudia Sheinbaum ha ido reconstruyendo la relación con España sobre un terreno minado".Para Petersen, la Mandataria ha tenido que matizar el maniqueísmo político de su antecesor para tejer puentes nuevamente, priorizando el pragmatismo con empresarios, líderes de izquierda y, recientemente, con la monarquía española.La tesis central de Petersen sostiene que el discurso crítico hacia España, frecuentemente utilizado desde la narrativa oficial, ignora la realidad de una construcción cultural indisoluble. A pesar de los abusos documentados durante la Conquista, existe un sustrato común que trasciende las diferencias políticas."Lo que nunca entendieron López Obrador y Gutiérrez Müller, ambos nietos de españoles, es que la relación con España es a la vez tormentosa y amorosa, que ese aparente odio a 'los gachupines' es una construcción de la historia oficial", concluye el periodista.En última instancia, el texto reflexiona sobre la unión intrínseca que define a ambos países. Más allá de los matices lingüísticos —los españoles que hablan "a gritos" y los mexicanos que lo hacen "en diminutivo"—, ambas naciones comparten un legado literario y existencial, siendo, en palabras de Petersen, "hijos de Paz, nietos de Pérez Galdós y bisnietos de Cervantes".Con información de Diego Petersen*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA