El Mundial de futbol que se celebra en Norteamérica ha dejado imágenes que quedarán grabadas en la memoria colectiva: desde la mítica "fila vikinga" hasta la pasión colombiana. Sin embargo, en México, la narrativa mundialista ha sido marcada por un choque entre la espontaneidad social y la estrategia propagandística del Gobierno federal. El periodista Raymundo Riva Palacio destaca en su columna cómo la figura del "Pato Merlín" —el pato entrenado que se convirtió en un fenómeno viral— se transformó en un símbolo disputado entre la alegría popular y la apropiación política.Mientras el Pato Merlín capturaba la imaginación internacional con su carisma, el régimen intentó capitalizar su popularidad. Para Riva Palacio, este esfuerzo no fue genuino, sino un acto "oportunista para montarse en la ola nacional de emoción que provocó el futbol".El autor subraya la disparidad en el trato presidencial: mientras el pato y sus dueños fueron recibidos en la conferencia matutina con celeridad, la Presidencia mantiene un diálogo selectivo y excluyente con otros sectores. La polémica se encendió cuando la Presidenta Claudia Sheinbaum intentó justificar quiénes son recibidos en Palacio Nacional, calificando a ciertos casos como "los más duros" o "más complejos". Al respecto, el columnista es contundente: "Qué fallida selección de palabras. Los desaparecidos no se miden por categorías, ni por el contexto en que se cometió el crimen. Todos valen lo mismo porque la vida no es un mercado ni una subasta".En contraparte a la efervescencia popular del Mundial, la Presidencia difundió una imagen de la Mandataria junto a su esposo viendo el partido en Palacio Nacional. Riva Palacio describe esta estampa como una "metáfora de su realidad: sola, proyectando un momento que no existe, ni buscó construirlo".Para el analista, esta pieza propagandística falló en su intención de humanizar a la figura presidencial. A diferencia de las imágenes de mandatarios anteriores que aparecían rodeados de familias y colaboradores en un entorno auténtico, la escena actual se percibió "distante y fría", como una "imitación deficiente del espacio familiar".El texto sugiere que este esfuerzo fallido por conectar con la ciudadanía es síntoma de un problema mayor: una administración que prioriza la propaganda sobre la política real. Riva Palacio señala que la Presidenta ha optado por evitar el contacto directo con grupos incómodos, como las madres buscadoras o los familiares de víctimas de la violencia, prefiriendo escenarios controlados."Lo que tenemos es una Presidencia que no tiene como objetivo el gobernar para todos, sino para unos cuantos", afirma el periodista. Según su análisis, el uso de símbolos colectivos para fines clientelares ha provocado que lo que pudo ser un recuerdo compartido se convirtiera en una herramienta de polarización.La columna cierra con una reflexión sobre la desconexión entre la Presidencia y la realidad del país. Mientras el Pato Merlín logró unir a México con el resto del mundo bajo la sencillez de un gesto alegre, la imagen oficial desde Palacio Nacional parece confirmar la fragilidad de una Presidencia que, según el autor, "cualquier adversidad parece estrellarla".Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA