Lunes, 28 de Noviembre 2022

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Suplementos | XXV Domingo Ordinario

Ciudadanos del mundo y del Reino

Ser seguidor de Jesucristo implica ejercer las obligaciones y derechos civiles como una forma de abonar a la construcción del Reinado del Padre

Por: Dinámica pastoral UNIVA

«No pueden ustedes servir a Dios y al dinero». WIKIPEDIA/«Parábola del mayordomo injusto, de Phillip Medhurst

«No pueden ustedes servir a Dios y al dinero». WIKIPEDIA/«Parábola del mayordomo injusto, de Phillip Medhurst

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Am 8, 4-7.

«Escuchen esto los que buscan al pobre
sólo para arruinarlo
y andan diciendo:
“¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes
para vender nuestro trigo,
y el descanso del sábado
para reabrir nuestros graneros?”
Disminuyen las medidas,
aumentan los precios,
alteran las balanzas,
obligan a los pobres a venderse;
por un par de sandalias los compran
y hasta venden el salvado como trigo.

El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado:
“No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”».

SEGUNDA LECTURA:

1 Tm 2, 1-8.

«Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.

Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras».

EVANGELIO:

Lc 16, 1-13.

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ["Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: '¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador'.

Entonces el administrador se puso a pensar: '¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan'. Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: '¿Cuánto le debes a mi amo?' El hombre respondió: 'Cien barriles de aceite'. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta'. Luego preguntó al siguiente: 'Y tú, ¿cuánto debes?' Este respondió: 'Cien sacos de trigo'. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y haz otro por ochenta' El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz. Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.] El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo.

En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero"».

Ciudadanos del mundo y del Reino

Hace 22 siglos, el profeta Amós denunció la injusticia social que vivía el pueblo de Israel (Am 1,1). El motivo de ese acto de denuncia se asemeja a la situación que en un aquí y ahora vive gran parte de los mexicanos. Hoy, como en el pasado, hay una minoría que goza de lujos, riqueza y poder, y una mayoría que carece de servicios de salud, educación y empleo, a lo que se suma una creciente inseguridad. Al igual que hace varias centurias, la acusación del profeta hacia prácticas corruptas de partidos políticos en tiempos electorales sigue vigente: comprar votos a cambio de ofrecer regalos (Am 8, 6).

Pablo ruega a la comunidad de Timoteo orar por los jefes de Estado y autoridades para lograr paz y tranquilidad. Actualizando el menaje y mirando al país -que atraviesa una crisis de polarización y violencia al grado de llegar a “militarizar el territorio” para estar con paz y armonía-, vemos que no bastan las oraciones como seguidores de Jesús: “libres de odios y divisiones”, hay que dejar a un lado la apatía o la falta de esperanza para tener una mayor participación ciudadana. La Fe verdadera se concretiza en las obras (Sant 2, 14-23).

Lucas (16, 1-13) relata la parábola del administrador astuto que tiene la habilidad truculenta de hacerse amigo de los deudores para encontrar la forma de que paguen. El empleador elogia la sagacidad y admite la corrupción. Con este ejemplo, Jesús invita a ganarse amigos, pero para utilizar las riquezas del mundo con justicia, en favor de los demás, y no acumularlas de manera egoísta.

La palabra de Dios, tanto en las denuncias que proclama el profeta Amós como en la petición de Pablo y el relato de Lucas, toca una cuestión sensible: el dinero no puede ser el centro de la vida, porque se deja a un lado o se pisotea a los otros. Ser seguidor de Jesucristo implica ejercer las obligaciones y derechos civiles como una forma de abonar a la construcción del Reinado del Padre, es decir: ciudadanos del mundo y del Reino.

Luis Octavio Lozano, SJ-ITESO

La oración universal

Durante estos primeros once años de ministerio sacerdotal puedo decir, en un espíritu de agradecimiento, que he aprendido mucho de cada situación vivida. Grandes son las manifestaciones del amor de Dios a través de cada uno de ustedes e infinitas las gracias recibidas como fruto de su Amor. No ha sido una tarea sencilla, sin embargo, “Todo lo puedo en Aquél que me fortalece” (Flp. 4, 13). Seguro estoy de que la oración de cada uno de ustedes ha sido de vital importancia para mantenerme fiel en el ministerio y dispuesto a continuar con mi tarea diaria.

Y hablando de tarea, he podido percibir que una de las más grandes y nobles encomiendas que recibo de cada uno de ustedes, es la oración. Son tan constantes y diversas las solicitudes de elevar una plegaria a Dios, de poner en sus manos las necesidades y urgencias del pueblo. De rogar, al Dios bueno y misericordioso, por la salvación de todos los hombres. Es por eso que hoy, muy estimado y querido lector, quiero que nos unamos a la invitación de San Pablo en su primera carta a Timoteo.

San Pablo dice: “te ruego hermano…” el apóstol de Jesucristo nos está haciendo una exhortación, palabra traducida del verbo hebreo najiam, que significa animar, alentar, consolar. Su intención es hacer que tomemos conciencia de la prioridad que tiene la oración dentro de la comunidad cristiana. Este santo ejercicio es fundamental, tanto así que, a raíz de la plegaria y la predicación, el reino de Dios avanza y se establece en su Iglesia.

La peculiaridad de esta invitación a orar es que nos pide hacerlo por todos los hombres, particularmente por los que han sido constituidos autoridad. Ya que de ellos depende, en buena parte, el bienestar social y un ambiente propicio para las buenas prácticas. Es importante recordar, mis queridos hermanos, que no hay nadie que, por más autoridad que tenga, no necesite de Dios. Y nunca estará de más pedir que todos ellos, junto con nosotros, podamos llegar al conocimiento de la verdad.

Hacer esto no sólo es algo muy necesario y urgente en nuestros días, sino, sobre todo, es una obra buena que agrada a los ojos de Dios y que nos ayudará a cumplir con su voluntad. El Papa Francisco ha manifestado que es una pena no rezar por los gobernantes. Ya que esta oración se debe realizar como el signo concreto de nuestra solidaridad, “para no dejar solos a aquellos que tienen menos conciencia de que su poder no es absoluto, sino que viene del pueblo y de Dios”.

Tomemos hoy, al menos, cinco minutos de nuestro tiempo y dirijamos nuestra mirada a Dios para poner en sus manos la vida y las obras de aquellas personas que dirigen el camino de los pueblos. “Dios nuestro, a quien está sometido todo poder humano, concede a nuestros gobernantes un próspero ejercicio de su mandato, de modo que, en el respeto de tu ley y en el empeño de actuar conforme a tu agrado, mantenga y procure siempre un orden tranquilo y libre, en favor del pueblo que tiene encomendado”. Amén.

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