En Mumbai, las calles comenzaron a llenarse desde temprano. Entre el sonido de los tambores dhol-tasha, los cantos de “Ganpati Bappa Morya” y las procesiones de devotos, las enormes figuras de Ganesha emprendieron el último recorrido de una celebración que durante días había transformado la ciudad.El 25 de septiembre, India despidió al dios con cabeza de elefante durante el Anant Chaturdashi, jornada que marca el cierre de Ganesh Chaturthi. Las imágenes que habían permanecido en hogares y altares públicos fueron llevadas en procesión para ser sumergidas en el mar Arábigo, ríos, lagos y estanques habilitados para la ocasión.En Mumbai, la magnitud del ritual fue particularmente visible. Para recibir a los miles de fieles, las autoridades habilitaron 67 sitios naturales y más de 380 estanques artificiales, además de desplegar a más de 24 mil policías y alrededor de 25 mil trabajadores municipales.Al finalizar las celebraciones, la Corporación Municipal de Mumbai reportó que 199 mil 325 imágenes de Ganesha habían sido sumergidas durante el festival: más de 10 mil pertenecían a organizaciones comunitarias y unas 182 mil provenían de hogares.A primera vista, el momento puede parecer contradictorio. Después de días de decorar, venerar y acompañar a una imagen de Ganesha, los fieles terminan arrojándola al agua hasta que desaparece.Pero esa desaparición es precisamente parte del significado de la celebración. La inmersión, conocida como Ganpati Visarjan, representa la despedida de la deidad y su regreso simbólico a su morada junto a Shiva y Parvati. La figura de arcilla que había recibido la presencia divina durante los rituales vuelve finalmente a la naturaleza.El ciclo contiene una enseñanza espiritual sobre la impermanencia: aquello que se crea también debe transformarse y desaparecer. Ganesha llega, permanece durante un tiempo entre los seres humanos y finalmente se marcha, dejando la promesa de regresar.La celebración comienza con la instalación de una imagen de Ganesha, normalmente elaborada con arcilla y adornada con flores, telas y luces. Durante los días siguientes se realizan oraciones, cantos, ofrendas y distribución de prasad, comida que ha sido ofrecida ritualmente a la deidad.La tradición también contempla distintos momentos ceremoniales, entre ellos la Prana Pratishta, mediante la cual se invoca simbólicamente la presencia de Ganesha en la imagen, y la puja, que comprende una serie de ofrendas y actos de veneración.Por eso, la estatua no es simplemente una representación decorativa. Durante el festival se convierte en el centro material de una relación espiritual con Ganesha, una de las figuras más veneradas del hinduismo y considerada el removedor de obstáculos y señor de los comienzos. Su nombre es invocado tradicionalmente antes de iniciar proyectos, viajes, estudios o nuevas empresas.La imagen que aparece en las calles de India es inconfundible: un cuerpo humano de formas redondeadas, cabeza de elefante, grandes orejas, trompa y, en muchas representaciones, cuatro brazos que sostienen distintos objetos.Una de las historias más conocidas sobre su origen cuenta que Parvati creó a Ganesha para proteger la entrada de su hogar. Cuando Shiva regresó y el joven le impidió entrar, ambos se enfrentaron y Shiva terminó cortándole la cabeza. Al descubrir que se trataba del hijo de Parvati, ordenó colocarle la cabeza del primer ser vivo que encontraran: un elefante.La combinación entre cuerpo humano y cabeza de elefante también contribuyó a convertirlo en una figura cargada de significados. El elefante está asociado con fuerza, inteligencia y capacidad para abrirse camino; cualidades que encajan con la función de Ganesha como quien ayuda a superar los obstáculos.Los múltiples brazos pertenecen a una convención artística frecuente en la iconografía religiosa de India. Pretenden expresar capacidades extraordinarias y permitir que una misma figura sostenga diferentes objetos simbólicos. El Museo Metropolitano de Arte señala que los artistas del sur de Asia utilizan múltiples brazos para representar atributos y poderes de las deidades.Por eso, no existe una única combinación universal de objetos en las manos de Ganesha. Dependiendo de la tradición y la representación, puede aparecer sosteniendo un hacha, una cuerda, su colmillo roto, un recipiente de dulces u otros atributos. Cada elemento puede asociarse con diferentes aspectos de su carácter y función religiosa.El tono rosado o rojizo que aparece en muchas imágenes contemporáneas de Ganesha tampoco debe interpretarse como una característica física literal. Las representaciones de la deidad varían considerablemente en color, vestimenta, postura y atributos según la región y la tradición artística.En las celebraciones modernas de Ganesh Chaturthi, los escultores pueden utilizar tonos rosados, rojos, naranjas, dorados o incluso colores mucho más llamativos para crear imágenes monumentales. El resultado es una figura que combina devoción, arte popular y la identidad visual particular de cada comunidad.En Mumbai, esa dimensión artística alcanza una escala extraordinaria. Los pandals, altares temporales construidos para albergar las imágenes, pueden convertirse durante días en auténticos escenarios comunitarios, alrededor de los cuales se reúnen vecinos y visitantes.Sin embargo, el momento culminante devuelve la celebración a su dimensión espiritual. Después de la música, las flores, las luces y las enormes esculturas, llega el silencio relativo del agua. La figura que había representado la presencia de Ganesha comienza a deshacerse.En 2026, algunas de las procesiones más importantes de Mumbai continuaron durante toda la noche. Incluso la célebre imagen de Lalbaugcha Raja fue sumergida hasta la mañana del 26 de septiembre, después de una larga procesión.La escena resume la paradoja de Ganesh Chaturthi: construir una imagen para venerarla y, después, aceptar su desaparición. Para los devotos, Ganesha no desaparece con la arcilla. La forma física termina, pero la presencia simbólica permanece.Más allá de su dimensión religiosa, el festival también posee una importante historia cultural. Las celebraciones públicas de Maharashtra adquirieron una nueva dimensión a finales del siglo XIX, cuando Bal Gangadhar Tilak impulsó Ganeshotsav como una celebración comunitaria de gran escala en un contexto marcado por el dominio colonial británico.Desde entonces, Ganesh Chaturthi se convirtió en una de las expresiones culturales más visibles de Maharashtra y, con el paso del tiempo, en una celebración reconocida mucho más allá de India. Cada año, las figuras de arcilla vuelven a ocupar las calles, reciben flores y oraciones, recorren las ciudades entre música y multitudes y finalmente regresan al agua.Y quizá ahí reside una de las imágenes más poderosas de la festividad: el enorme dios elefante, representado con varios brazos y colores brillantes, desapareciendo lentamente bajo el agua. No como un final, como parte de un ciclo en el que la creación, la presencia y la despedida vuelven a comenzar.TG