Territorio, identidad y música atraviesan el próximo programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ). Bajo el título “Desde el nuevo mundo”, la agrupación dirigida por José Luis Castillo reunirá este domingo 4 de octubre, a las 12:30 horas, en el Teatro Degollado, tres partituras separadas por épocas y geografías, pero relacionadas por una pregunta: ¿de qué manera puede una tradición musical convertirse en materia para la creación sinfónica?El programa comenzará con las “Danzas del ballet Estancia”, de Alberto Ginastera; continuará con la “Sinfonía India”, de Carlos Chávez, y, después del intermedio, llegará la Sinfonía núm. 9, “Del Nuevo Mundo”, de Antonín Dvořák.Para Castillo, las palabras que dan nombre al concierto permiten pensar en América desde varias dimensiones. “Yo creo que las tres: territorio, identidad y, por supuesto, música”, explica en entrevista con EL INFORMADOR. El punto de partida cronológico está en Dvořák, quien compuso su Novena Sinfonía durante su estancia en Estados Unidos. Castillo encuentra en aquella experiencia el interés del compositor bohemio por trabajar con elementos que en ese momento eran identificados con las músicas del territorio estadounidense.“Hay un interés en construir música, en componer, con elementos que en aquellos entonces se entendían como propios de la cultura de lo que actualmente es Estados Unidos”, señala. “Melodías y escalas alimentaron una escritura que posteriormente alcanzaría una influencia mucho mayor. Con el paso del tiempo, explica Castillo, la obra se convirtió en símbolo, se convirtió en icono y terminó por rebasar incluso los límites de la música de concierto”.Décadas después, Ginastera y Chávez enfrentarían desde América Latina sus propias preguntas alrededor de la identidad. El primero recurrió al universo rural argentino para “Estancia”, mientras Chávez incorporó a su “Sinfonía India” materiales vinculados con pueblos originarios de México. “Creo que son las tres piezas que hacen la misma pregunta: cómo poder crear a partir de elementos propios, de la música tradicional, del sustrato folclórico, de lo que definía o se creía que definía a sus respectivos territorios en aquellos entonces”, explica Castillo.Compuesta entre 1935 y 1936, la “Sinfonía India” incorpora melodías asociadas con los pueblos wixárika, yaqui y seri, además de instrumentos como el teponaztli, tlalpanhuehuetl, tenábaris y jícara de agua. Para Castillo, la permanencia de algunas de esas músicas vuelve especialmente interesante la partitura. “Todavía hoy siguen cantándose esas melodías, siguen apareciendo en territorios en Sonora”, apunta.La incorporación de instrumentos ajenos a la configuración habitual de una orquesta también modifica la manera en que los propios músicos escuchan a quienes tienen alrededor. “Por supuesto que afecta a la instrumentación, que afecta al sonido en general”, explica. “Los maestros y las maestras hacen por escuchar y reaccionan a ese sonido, a un sonido que no es habitual en las salas de concierto, no es habitual en las orquestas sinfónicas”.Ese cambio repercute, además, en la estructura rítmica, melódica y armónica de la obra. En el programa preparado por la OFJ, la “Sinfonía India” aparece después de Ginastera, cuyas cuatro danzas recuperan diferentes escenas de una estancia argentina hasta desembocar en la intensidad del malambo. La relación entre estas músicas y la tradición sinfónica, sin embargo, va más allá de trasladar una danza popular a la sala de conciertos. Castillo encuentra la cuestión de la identidad desde un momento anterior: la elección misma de los materiales con los que trabaja un compositor.“Me gusta situar la identidad en un primer momento, y es en el momento de la captura del material, del reconocimiento del material musical con el que van a crear”, señala. “Las músicas tradicionales, el sustrato folclórico, por decirlo de alguna manera, forman parte de la creación desde un primer estado. No se trata de trasladar una forma más o menos popular y traspasarla a la sala de conciertos, sino que ese sustrato, ese principio, forma parte del primer momento compositivo. Creo que esa es la gran diferencia”.La pregunta por una identidad musical mexicana tampoco quedó encerrada en la primera mitad del siglo XX. Castillo considera que entre los compositores actuales persisten aproximaciones diferentes hacia las músicas propias. “Hay creadores que todavía les interesa buscar en lo propio fuentes de inspiración. Hay otros que hacen ejercicios de traslación de esas músicas a lo sinfónico”, comenta. “Al mismo tiempo, hay estrategias alejadas de ese camino, incluidas búsquedas experimentales y de vanguardia”.La segunda parte estará dedicada por completo a Dvořák. Su Sinfonía núm. 9 fue compuesta durante su estancia en Estados Unidos y estuvo relacionada con las discusiones de finales del siglo XIX acerca de la posibilidad de construir una música propia de aquel país. Dentro de sus cuatro movimientos, el “Largo” adquirió una popularidad particular. Su extensa melodía, interpretada por el corno inglés, ha encontrado ecos mucho más allá del repertorio sinfónico.Castillo atribuye parte de esa permanencia a la propia construcción de la melodía, pero también a una decisión de orquestación; el director señala que esa combinación reaparecería posteriormente en otras composiciones e incluso en música cinematográfica. La Novena, de hecho, acumuló durante el siglo XX significados que Dvořák difícilmente habría podido anticipar: en 1969, una grabación de la obra viajó a bordo del Apollo 11 durante la primera misión humana que llegó a la Luna.“La melodía realmente está muy bien escrita, está muy bien compuesta. Después, atribuir el corno inglés sobre esa cama de cuerdas, sobre esa textura de cuerdas, es algo que acústicamente funciona muy bien”, explica.“Desde el nuevo mundo” propone así tres respuestas surgidas en momentos distintos. La pampa argentina de Ginastera, las músicas indígenas incorporadas por Chávez y la mirada de Dvořák hacia Estados Unidos entrarán el domingo en un mismo espacio sonoro. En las tres permanece la pregunta que articula el programa de la OFJ: qué ocurre cuando un compositor escucha las músicas de un territorio y, a partir de ellas, comienza a imaginar otra forma de escribir para la orquesta.SV