Viernes, 07 de Agosto 2020
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Despistolizar a México; ¿qué hacemos con las armas?

Por: Diego Petersen

Despistolizar a México; ¿qué hacemos con las armas?

Despistolizar a México; ¿qué hacemos con las armas?

De todos los factores que pudieron haber sido decisivos en el ataque de un niño a sus maestros y compañeros en una primaria en Torreón, el acceso a las armas es sin duda el más importante. Lo demás, si veía videojuegos, si estaba deprimido, si tenía síndrome de abandono y todos los etcéteras, son especulaciones. Lo que no es especulación es que el niño tuvo acceso a dos armas, cargadas, que hoy sabemos eran propiedad de su abuelo, y que fue las que utilizó para matar y suicidarse.

Ha circulado en estos días mucha información sobre la cantidad de armas que hay en nuestro país: 30 mil legales (casi una por cada cuatro mil habitantes) y 16.8 millones de armas ilegales (una por cada siete habitantes), la mayoría de ellas de alto poder. Existe una clarísima correlación entre la letalidad y el número y tipo de armas que circulan en nuestro país, pero por algún motivo es un tema que discutimos poco.

Cualquier acción de pacificación del país pasa necesariamente porque existan menos armas 

Despistolizar a México es urgente. Cualquier acción de pacificación del país pasa necesariamente porque existan menos armas y por lo tanto reduzcamos la letalidad de cualquier enfrentamiento. Suena un poco patético que nuestro secretario de Relaciones Exteriores ande exigiendo a Estados Unidos que controle el tráfico de armas, como es patético e hipócrita que los vecinos del Norte nos culpen a los mexicanos de la droga que consumen. Vamos a suponer que se trata solo de una posición política para pagar con la misma moneda, pero, mientras en México no seamos capaces ya no de controlar nuestros puertos y fronteras, sino los mercados, que es donde se venden las armas, todo esfuerzo contra la violencia será caminar en una banda sin fin. Las armas en México se venden en todos lados incluyendo los mercados de Tepito o la Merced, en Ciudad de México, o en el mercado de San Juan de Dios, en Guadalajara. Desde una pistola hasta una granada se puede conseguir de un día para otro. Esto es, se venden en las narices de las autoridades, en inmuebles propiedad del Estado (los mercados) y nadie hace nada para evitarlo.

Los países que han tenido conflictos armados o guerras civiles abiertas pasan por un proceso de desmovilización y canje de armas a cambio de bienes de producción. No es el caso de México, y cuando se intentó no dio mayor resultado. Los retenes, tal como está actualmente en la Constitución, no son viables; sin embargo, con todos los riesgos y las molestias que implican, más que incautar, que sí se logra, lo que hacen es inhibir la circulación de armas.

Más temprano que tarde vamos a tener que entrar a discutir en serio qué hacemos con las armas, no solo para evitar que entren más, sino para reducir sustancialmente su número en el país.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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