
Karla Planter: retos y expectativas

Karla Planter: retos y expectativas
Hoy, Karla Planter toma posesión como rectora de la UdeG. El hecho en sí mismo es histórico: se trata de la primera mujer en ocupar el cargo de rectora general desde que la Universidad fue fundada en 1792 por Fray Antonio Alcalde. 20 rectores, algunos de ellos realmente ilustres, dirigieron la Real Universidad de Guadalajara hasta que fue cerrada en 1861. Desde la reapertura impulsada por el gobernador Guadalupe Zuno ya solo como Universidad de Guadalajara en 1925 han pasado 30 rectores, algunos de sexenio completo, otros que duraron apenas unos meses y uno, Enrique Zambrano, que estuvo casi nueve años al frente de la Universidad.
50 rectores; todos hombres.
El reto de Karla no es solo ser una rectora eficiente, que tiene todo para serlo: capacidad de gestión, conocimiento de la Universidad y un esquema de gobernabilidad estable. Planter no puede solo ser una buena rectora, tiene que ser la rectora de la era que rompa con una larga y arraigada tradición machista.
Que Zoé García Romero haya sido presidenta de la FEU fue un gran paso, como lo fue que Ruth Padilla y luego María Esther Avelar fueran las primeras rectoras de centro en CUAltos e incluso Ruth Padilla la primera candidata a rectora general. Todas ellas rompieron techos que permitieron que hoy una mujer sea rectora general. Sin embargo, feminizar la política, feminizar la política universitaria, es más que permitir que las mujeres accedan a los puestos de poder o acabar con los desplantes machistas de arreglar las cosas a golpes o, peor aún, a balazos, como sucedía en la época oscura de la FEG en la que los líderes estudiantiles, y los rectores, andaban armados. El reto es construir una relación con la comunidad universitaria que no esté basada en fungir como el macho alfa de la manada; una relación con el Gobierno en turno que vaya más allá de la medición de fuerzas; una relación con la sociedad de Jalisco en la que la Universidad sea el centro para pensarnos todas y todos como uno solo.
La primera bomba que tiene que desactivar la rectora es la vergonzosa apología del delito que se dio en el Auditorio Telmex el sábado pasado. Sucedió en un recinto universitario (de hecho, en algunos medios de la capital se habla de un concierto en la UdeG) y, a quererlo o no, es la Universidad la que debe dar la cara por lo que ahí sucede. Digamos que la autonomía implica también responsabilidades. Hay que evitar la apología de la violencia, pero también la apología del machismo implícita en esos corridos y homenajes. No es fácil. La línea entre la afirmación positiva en ciertos temas y la censura es muy delgada.
La expectativa sobre el rectorado de Karla es del tamaño de la ilusión, la ilusión de una Universidad que termine de consolidarse en lo académico (el avance ha sido grande, pero falta mucho), que se convierta en la voz de la sociedad y no de un grupo, y que sea el pilar de la reeducación no solo en temas de género (ese se da por descontado), sino cívicos.
Si algo puede incidir en una mejor sociedad, es una mejor Universidad. Suerte, Karla.
diego.petersen@informador.com.mx
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