Viernes, 15 de Octubre 2021

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El dedo flamígero

Por: Diego Petersen

El dedo flamígero

El dedo flamígero

“Jalisco está en su peor momento de violencia. Las desapariciones forzadas son la manifestación más grave de la descomposición social y de las instituciones”, escribió el dedo flamígero de Enrique Alfaro el 22 de marzo de 2018. Si el gobernador Aristóteles Sandoval “no puede garantizar la seguridad de un diputado, de un presidente, imagínense los ciudadanos cómo están”, volvió a sentenciar el flamígero un mes después.

¿Qué opinaría el dedo flamígero del entonces candidato naranja sobre las declaraciones del hoy gobernador Enrique Alfaro diciendo que “es fácil acusar con el dedo flamígero sin preguntarse de dónde surge la violencia”? Seguramente el dedo insistiría en atacar, pues ese es su carácter. El índice incendiario no se andaba con conmiseraciones, ni preguntando de dónde surge tanta violencia. El dedo de Alfaro era valiente, faltaba más, echado para adelante, respondía a todas, acusaba con la superioridad moral que le daba ser el candidato, el que iba arriba en las encuestas. El dedo acusaba, echaba fuego y prendía el cerro (si lo de flamígero no es gratuito). Hoy ese dedo del gobernador esta callado, atrofiado, guardado en la mano, acusando a otros dedos de señalar, de exigir lo mismo que él exigió.

El dedo acusaba, echaba fuego y prendía el cerro. Hoy ese dedo del gobernador esta callado, atrofiado, guardado en la mano, acusando a otros dedos de señalar, de exigir lo mismo que él exigió

¿De dónde surge esa violencia? Los ciudadanos no lo sabemos, a lo sumo lo intuimos, pero confiamos, queremos creer, que el gobernador sí lo sabe, que tiene una respuesta más elaborada que la obviedad que dijo en su discurso de que el problema viene de las familias, y que sabe que su responsabilidad es combatirla. Los diagnósticos de seguridad sirven para tomar decisiones; las explicaciones a los ciudadanos tienen sentido sí y solo sí ayudan a la comprensión del fenómeno y eso a su vez se traduce en una mejor protección. Todo lo demás suena a excusa. De hecho, lo es.

Los únicos que suelen decir que la solución a la seguridad es sencilla son los candidatos; nadie más en su sano juicio lo piensa. No tengan duda: los ciudadanos nunca los hemos tomado en serio. Cuando Alfaro como candidato prometió que resolverían el problema de inseguridad no le creímos, porque sabemos que es un problema complejo, que no es cosas de 15 minutos, para citar a un clásico. Lo que sí sabemos es que una vez que asumió el poder la responsabilidad, que no la culpa (el dedo flamígero se calienta, pero sabe distinguir) es de suya y nunca vamos a dejar de exigir que el Estado cumpla con su primera y esencial responsabilidad: darnos seguridad.

El dedo flamígero no entiende razones, solo exige soluciones. 

diego.petersen@informador.com.mx

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