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El entierro del PRI

Por: Rubén Martín

El entierro del PRI

El entierro del PRI

Nacido en marzo de 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR), el viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI) acaba de cumplir 95 años pero difícilmente llegará al siglo de edad. Eso es, al menos, lo que vaticinan muchos ex dirigentes del tricolor que cuestionan los intentos de su actual dirigente, Alejandro “Alito” Moreno de perpetuarse en la dirigencia luego de que el pasado domingo, en una cuestionada asamblea nacional, modificó los estatutos que le permiten reelegirse en la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional. 

El PRI es un partido casi único, tanto en México como en el mundo. Nacido de la mano de Plutarco Elías Calles como un instrumento político para institucionalizar a los caudillos que triunfaron en la Revolución Mexicana, el PNR aglutinó a cientos de partidos y organizaciones locales. Quizá para sacudirse la tutela de Elías Calles, el presidente Lázaro Cárdenas del Río impulsó el cambio del PNR en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938.

En 1946, al final del sexenio de Manuel Ávila Camacho, el PRM se transformó en el PRI, que mantuvo hegemónicamente el gobierno federal y los gobiernos de todas las entidades federativas desde su nacimiento en 1929 hasta 1989 que reconoció su primera derrota: en Baja California a manos del panista Ernesto Ruffo Appel. Y mantuvo la presidencia de la república hasta el año 2000, cuando triunfó el panista Vicente Fox Quezada. 

El PRI tuvo un segundo aire en la elección de 2012 cuando llevó a la presidencia al ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. Pero fue el sexenio en que se aceleró el declive del PRI por los evidentes casos de corrupción tanto en el gobierno federal y en los estados de la república. Al menos media docena de ex gobernadores priistas enfrentaron procesos penales por casos de corrupción.

Aún sin la presidencia, el PRI gobernaba la mayoría de los estados, pero desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador y de Morena a la presidencia en 2018, la caída del PRI no ha hecho más que acelerarse.

Son muchos los responsables de esta decadencia del viejo partido tricolor, pero ha sido en la dirigencia de “Alito” Moreno cuando el PRI ha perdido más posiciones. En 2021 perdió los gobiernos de Sonora, Sinaloa, Zacatecas, San Luis Potosí, Tlaxcala, Colima y Campeche. En 2022 perdió Hidalgo y Oaxaca, y en 2023 el Estado de México. El PRI ahora gobierna solo dos entidades: Durango y Coahuila. La pérdida de votos también ha sido acelerada: en 2018 su candidato obtuvo poco más de nueve millones de votos, y el pasado 2 de junio apenas consiguió cinco millones, con el agregado que es la primera vez que el PRI no postuló candidato presidencial propio, sino que se sumó a la coalición encabezada por la panista Xóchitl Gálvez. 

Tras la estrepitosa derrota del pasado 2 de junio, muchos cuadros priistas esperaban y demandaban la renuncia de Alito Moreno a la presidencia y una aguda autocrítica por los errores cometidos. En un desplegado firmado por más de 250 cuadros priistas, entre ellos varios ex candidatos presidenciales, ex gobernadores y ex dirigentes del CEN, demandaron la renuncia de Alito y la integración de una presidencia interina que renueve los órganos de dirección del PRI para enfrentar “la peor crisis de su historia”.

Pero en lugar de ello, Alito Moreno se atrincheró en la dirigencia, y apoyado por incondicionales nombrados por él en los estados llevó a cabo la asamblea nacional que reformó los estatutos que le permiten reelegirse al menos por otros ocho años. Ante esto, muchos cuadros renunciaron al partido. En Jalisco, José Socorro Velázquez, ex dirigente estatal, renunció al tricolor tras 55 años de militancia. Francisco Labastida Ochoa, ex candidato presidencial, también anunció que renunciaría si Alito Moreno seguía al frente del PRI. 

Con este afán de mantener y controlar las migajas de un partido en decadencia, todo indica que estamos asistiendo al entierro del viejo PRI tal y como lo conocimos. Un partido que se asume como creador de instituciones como el IMSS, pero también el partido de la corrupción y responsable de las peores casos de represión estatal contra la sociedad, como el 2 de octubre de 1968. Este es el PRI que está en proceso de extinción. 
 

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