Martes, 16 de Junio 2026

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Narcocultura, ¿quién la combate?

Por: Diego Petersen

Narcocultura, ¿quién la combate?

Narcocultura, ¿quién la combate?

Estampa de un rincón del Sur de Jalisco. A menos de un kilómetro del pueblo la Guardia Nacional ha montado un retén. Detienen para revisión a todo aquel que les parece sospechoso: autos de lujo, camionetas 4x4 y automóviles viejos; ser o parecer pobre sigue siendo el delito más perseguido en este país. Unos metros adelante, en la entrada del pueblo donde parpadea el único e inútil semáforo, un joven escucha narcocorridos a todo volumen, ostentosamente. Claramente está marcando territorio. El corrido pareciera estar dirigido a los miembros de la Guardia Nacional, pues narra la historia de un grupo de soldados que sembraban mariguana y amapola. 

A unos metros, en la cremería que está justo frente a la iglesia, la vidriera donde antes se exhibía y protegía de las moscas los dulces de la región hoy exhibe gorras, gorras negras con letras doradas: Cártel Nueva Generación. Claramente son “piratas”, es decir, no son las que usan los miembros del cártel como parte de los uniformes de batalla ni es la misma tipografía, se trata solo de una alegoría al grupo criminal que domina la zona.

Ni el Gobierno Federal, que dice combatir las causas de la violencia, ni el Estatal, que presume tener un estilo propio, tienen una política cultural que alcance a los municipios. Los Gobiernos de la Cuarta Transformación no solo recortaron terriblemente el presupuesto destinado a la cultura, sino que lo gastaron todo en un solo proyecto, el Centro Cultural Los Pinos, y una gran parte de ello lo destinaron a la construcción de un Cablebús. Sí, el poco dinero destinado a cultura se quedó en la capital del país, como una muestra más del chilangocentrismo, y como no supieron gastarlo en proyectos culturales terminaron pasándolo a uno de transporte. Los proyectos culturales del Gobierno de Jalisco con dificultad alcanzan los 20 municipios más grandes del Estado.

Es cierto, antes tampoco había una política cultural, pero nunca como ahora había sido tan importante llegar a los rincones más alejados. Mientras el crimen organizado gasta, y gasta mucho, en la promoción de los narcocorridos y la narcocultura, a los Gobiernos lo único que se les ocurre es prohibirlos u organizar una mala copia de “Siempre en Domingo” en la Mañanera. Otra vez en el centro, desde el centro y para el centro.

La batalla cultural es tan importante como la policiaca, la financiera y la legal. La falta de presupuesto será siempre una excusa, mala, pues solo habla de las prioridades del Gobierno en turno, pero la falta de ideas habla de la absoluta ausencia de interés de los Gobiernos en un fenómeno que es tan grave como la violencia misma, pues es la que la perpetúa: la derrota cultural.

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