Viernes, 05 de Junio 2026

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La estrategia del desgaste

Por: Ismael del Toro

La estrategia del desgaste

La estrategia del desgaste

Claudia Sheinbaum está ante el dilema fundacional de su mandato. Ante sí se extienden dos caminos: la fría y pragmática realpolitik o el enrocamiento ideológico de la resistencia narrativa. Hasta ahora, las señales enviadas tanto por Palacio Nacional como por el expresidente Andrés Manuel López Obrador confirman la adopción deliberada del segundo modelo, una apuesta de alto riesgo que amenaza con mantener viva la crisis de manera indefinida.

Desde la óptica de la realpolitik, la coyuntura actual representa una oportunidad dorada para la jefa del Ejecutivo. Sacrificar una pieza comprometida no es un síntoma de debilidad ni una concesión al enemigo; es, por el contrario, una demostración de autoridad incontestable y de autonomía estratégica. Forzar una ruptura simbólica con el reducto cuestionado de Sinaloa le permitiría a la presidenta desactivar la presión de Washington de golpe. Al entregar un proceso impecable, transparente y apegado a la legalidad institucional, el gobierno federal le arrancaría la bandera del intervencionismo a las agencias estadounidenses, demostrando un control total sobre las estructuras de seguridad del Estado mexicano.

Esta vía pragmática le otorgaría al poder central la iniciativa absoluta para intervenir la entidad federativa, nombrando a un perfil técnico, leal al proyecto de Palacio Nacional y libre de lealtades locales. Cortar el nudo sinaloense de raíz implicaría asumir un costo político inmediato con las facciones del partido, pero, a cambio, se inauguraría el sexenio con una percepción de mando y legitimidad civil indiscutibles.

Sin embargo, la presidenta ha decidido otro camino: el de la defensa de la narrativa ideológica. La respuesta oficial se ha empeñado en blindar al aliado local y enmarcar las acusaciones internacionales como un agravio directo a la soberanía nacional. Al hacerlo, el gobierno transparenta su verdadera estrategia: priorizar la cohesión interna del movimiento y evitar, a toda costa, proyectar cualquier imagen de claudicación ante presiones externas o de la oposición. Es el manual del nacionalismo; bajo esa lógica, ceder un solo milímetro equivale a fracturar el frente político, por lo que se prefiere el control de la narrativa diaria en las conferencias matutinas por encima de la resolución operativa y de fondo del conflicto en Sinaloa.

El riesgo de este camino es mantener la crisis viva de forma indefinida. Al negarse a amputar el miembro gangrenado, la administración central se condena a un desgaste crónico y predecible. El Departamento de Justicia y las agencias de inteligencia de Estados Unidos no dejarán de presionar; por el contrario, podemos esperar que dosificarán y seguirán filtrando de manera sistemática más expedientes, fotografías e información sensible, arrinconando paulatinamente a la Presidencia en las mesas de negociación bilateral de comercio y migración.

@DelToroIsmael_

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