Los pinzones de Bengala aprenden sus cantos siguiendo patrones estadísticos que guardan una sorprendente similitud con los mecanismos que ayudan a los bebés humanos a identificar y aprender palabras. Así lo revela un estudio realizado por investigadores de las universidades de Edimburgo y Teikyo, cuyos resultados fueron publicados en una revista científica.El descubrimiento sugiere que algunas de las reglas que hacen posible aprender una forma compleja de comunicación podrían aparecer de manera independiente en distintas especies. En otras palabras, aunque humanos y aves hayan seguido caminos evolutivos muy diferentes, ambos podrían haber desarrollado estrategias similares para aprender sonidos y transmitirlos entre generaciones.La investigación parte de una pregunta relacionada con la forma en que los seres humanos aprendemos a hablar. Para un bebé, escuchar a alguien hablar supone enfrentarse inicialmente a una cadena continua de sonidos. Sin conocer las palabras de antemano, debe descubrir poco a poco dónde termina una palabra y comienza otra.Para conseguirlo, el cerebro utiliza, entre otros mecanismos, las regularidades que encuentra en los sonidos que escucha. Si determinados fragmentos aparecen juntos con frecuencia, el bebé puede aprender que probablemente forman parte de una misma unidad del lenguaje.Una de las claves de este proceso está en un patrón estadístico conocido como distribución zipfiana. El término puede parecer complicado, pero describe una característica bastante común de los idiomas: unas pocas palabras aparecen constantemente, mientras que muchas otras se utilizan con mucha menor frecuencia.Por ejemplo, palabras como "el", "de", "que" o "y" aparecen una enorme cantidad de veces en una conversación o un texto, mientras que términos mucho más específicos pueden aparecer solamente en determinadas situaciones. La frecuencia de las palabras no se distribuye de manera uniforme, sino que sigue una relación matemática conocida como ley de potencias.Los investigadores también observaron que los fragmentos de sonidos más frecuentes tienden a ser más cortos, mientras que aquellos que aparecen con menor frecuencia pueden ser más largos. Estas regularidades proporcionan pistas que facilitan que un bebé pueda detectar patrones dentro del flujo continuo del habla.Lo interesante es que los científicos encontraron características similares en el canto de los pinzones. Sus canciones están formadas por diferentes notas y secuencias que no aparecen al azar, sino que mantienen determinadas relaciones de frecuencia y repetición.Los investigadores analizaron los cantos de seis machos de pinzón de Bengala desde sus primeros intentos de vocalización hasta las distintas etapas de su desarrollo. De esta manera pudieron observar cómo cambiaba el canto de las aves mientras aprendían a producirlo.Los resultados mostraron que las crías ya presentan desde sus primeras etapas una organización estadística de los sonidos que producen. Esto apunta a que los pinzones no simplemente memorizan canciones completas, sino que extraen patrones de los sonidos que escuchan a su alrededor mientras desarrollan su propio canto.El proceso guarda un paralelismo con el aprendizaje del lenguaje humano. Las crías de aves cantoras escuchan a ejemplares adultos y utilizan esa información para construir progresivamente sus vocalizaciones, de una manera comparable —aunque no idéntica— a la forma en que los niños aprenden los sonidos de su lengua materna.Kazuo Okanoya, investigador de la Universidad de Teikyo y uno de los autores del estudio, explicó que las aves pueden aprender inconscientemente los patrones estadísticos presentes en los sonidos de su entorno. Esos patrones les permiten organizar posteriormente sus propios cantos.La investigación da continuidad a un trabajo anterior de los científicos con ballenas jorobadas. En ese caso, los investigadores también encontraron propiedades estadísticas similares a las presentes en el lenguaje humano, lo que apunta a que este fenómeno no sería exclusivo de las aves.La comparación entre ballenas, pinzones y seres humanos resulta especialmente llamativa porque se trata de especies muy alejadas entre sí. Sin embargo, todas dependen del aprendizaje para desarrollar determinadas formas de comunicación y, en el caso de los animales estudiados, ese conocimiento puede transmitirse entre generaciones.Para Simon Kirby, especialista en lenguaje de la Universidad de Edimburgo y otro de los autores del estudio, durante mucho tiempo se consideró que las características del lenguaje humano eran excepcionales dentro de la naturaleza. Sin embargo, analizar otras formas de comunicación desde la perspectiva del aprendizaje infantil permite encontrar similitudes inesperadas.La clave está en distinguir entre lenguaje y comunicación. El estudio no demuestra que los pinzones posean un idioma comparable al humano ni que comprendan palabras o estructuras gramaticales como las personas. Lo que demuestra es que la forma en que organizan sus cantos comparte determinados principios estadísticos con el lenguaje.Esto puede ayudar a los científicos a comprender mejor por qué algunos patrones aparecen en sistemas de comunicación muy diferentes. Si una señal debe aprenderse escuchando a otros individuos y transmitirse culturalmente de una generación a otra, ciertas estructuras podrían resultar especialmente útiles para facilitar ese aprendizaje.En ese sentido, los investigadores plantean que la evolución podría llegar a soluciones similares cuando distintas especies enfrentan un mismo problema: cómo aprender, organizar y transmitir una comunicación compleja.El hallazgo también refuerza la importancia de estudiar el aprendizaje animal para comprender aspectos fundamentales de la comunicación humana. Las aves cantoras se han convertido en modelos de investigación precisamente porque necesitan aprender sus vocalizaciones mediante la interacción con otros individuos, en lugar de depender exclusivamente de un comportamiento completamente innato.Así, detrás del canto aparentemente sencillo de un pequeño pinzón puede existir un sistema de aprendizaje mucho más sofisticado de lo que parece. Sus canciones muestran que determinadas reglas estadísticas capaces de facilitar la transmisión de información pueden aparecer en especies que evolucionaron por caminos completamente distintos.Más que demostrar que los pájaros "hablan" como los humanos, el estudio revela algo diferente y quizá más interesante: algunos de los principios matemáticos que ayudan a que una comunicación pueda aprenderse podrían ser mucho más universales de lo que se pensaba.Con información de EFETG