
Castigar la apología del delito

Castigar la apología del delito
Bien por el Gobierno del Estado que condenó e iniciará una investigación para que la organización musical “Los Alegres del Barranco” responda por haber violado la Ley al hacer apología del delito en el concierto del sábado pasado en el Auditorio Telmex, que administra la Universidad de Guadalajara.
Aplaudible también que tanto las autoridades estatales como las universitarias no abrirán más sus espacios y foros artísticos a quien le guste cantarle y alabar a líderes delictivos.
Porque, sin duda, autoridades y comunidad debemos cerrar el paso a este tipo de propaganda que enaltece las actividades delincuenciales.
Es inaceptable que, luego de un mes en el que se visibilizó como nunca el dolor familiar que provocan los cárteles y sus disputas por controlar el territorio, con el reclutamiento forzado de hombres y mujeres jóvenes para engrosar sus milicias de sicarios que quedó en evidencia con el caso del Rancho Izaguirre y del Rancho de La Vega, estos músicos tengan la desfachatez de hacer este tipo de apología del delito, que ya se había dado en ferias tradicionales de municipios de Jalisco y del país, pero nunca en un concierto en la capital.
En ese sentido, en lo que también deberemos reflexionar es en la creciente aceptación y penetración de las mafias en cada vez más sectores de la población, que se reflejó, primero, en el lleno de las más de 10 mil localidades del Auditorio Telmex, y luego en las ovaciones de las y los asistentes cuando apareció la imagen del líder del cártel Nueva Generación.
Es claro, pues, que la narcocultura va ganando amplios espacios por años y años de complicidades que la clase política, gubernamental y empresarial empezó a tejer con las organizaciones delincuenciales.
Primero fue cooptando a policías corruptos, y luego a autoridades de los tres niveles de Gobierno, hasta llegar a introducirse en el sector empresarial, donde encontraron también socios que se involucraron con el lavado de dinero, lo que les permitió crecer sus organizaciones delictivas.
Vino después la ampliación de su base social. Empezaron en las pequeñas comunidades rurales donde, con sus mal habidas fortunas se ganaban la simpatía de los pobladores por las obras de beneficencia que patrocinaban, y que paulatinamente les fue dando cobijo y protección cuando, en contadas ocasiones, se realizan operativos policiales en busca de su captura. Esa permeabilidad social se empezó a evidenciar también en las zonas urbanas de las principales ciudades del país. En Jalisco, por ejemplo, están ahí las entregas de despensas en colonias populares de Zapopan, o de juguetes, en céntricas colonias de Guadalajara, como El Retiro.
Toda esta pax narca que nos desconcertó a todos en el Rancho Izaguirre nos volvió a estallar otra vez, ahora con el fervor narcomusical de miles de tapatíos en el Auditorio Telmex.
jbarrera4r@gmail.com
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