
La música no tiene la culpa

La música no tiene la culpa
Los Buknas de Culiacán compusieron en 2010 el llamado himno del movimiento alterado, una evolución del narcocorrido:
“Con cuerno de chivo y bazuca en la nuca/ Volando cabezas a quien se atraviesa/ Somos sanguinarios, locos bien ondeados/ Nos gusta matar”.
El corrido “Camelia la Texana”, popularizado por los Tigres del Norte en 1974, cuenta la historia de desamor de dos narcotraficantes.
“Salieron de San Isidro/ Procedentes de Tijuana/ Traían las llantas del carro/ Repletas de hierba mala”.
En Sinaloa, en 1987, el gobierno de Francisco Labastida intentó prohibir, sin éxito, los corridos sobre narcotraficantes.
En 2017, el entonces fiscal de Jalisco, Eduardo Almaguer, vetó las presentaciones de Gerardo Ortiz por apología del delito.
El sábado pasado en el Auditorio Telmex, la agrupación Los Alegres Del Barranco mostró imágenes de un capo mientras cantaba el narcocorrido “El dueño del palenque”:
“Soy el dueño del palenque/ Cuatro letras van al frente/ Soy del mero Michoacán/ Donde es la Tierra Caliente/ Soy el señor de los gallos/ El del cártel jalisciense”.
No hay nada nuevo bajo el Sol.
La indignación de nuestra clase gobernante con respecto a expresiones musicales violentas siempre ha tenido un enfoque prohibicionista con su dosis de pánico moral.
Ante esta realidad propongo otro enfoque para entender los corridos tumbados o alterados. Simplemente son el reflejo de la descomposición social y cultural del país.
La música es un reflejo de la sociedad en donde se genera, no a la inversa. La sociedad jamás “copia” a la música.
Esta misma sociedad que gobiernan (y han gobernado) guindas, rojos, azules y naranjas en los últimos 25 años.
Esta sociedad en donde un cártel ofrece a un joven mejores salarios que una empresa. En donde se glorifica la violencia porque es mejor “vivir una hora como rey que una vida de buey”.
Hay que transformar las condiciones de vida de los jóvenes para que podamos ofrecerles una alternativa. Ellos saben –no son idiotas– que trabajar 30 años ocho horas a la semana difícilmente los sacará del umbral de la pobreza en el que nacieron o les permitirá escalar en la pirámide social.
Está bien castigar la apología del delito, pero los corridos tumbados son reflejo de una sociedad enferma y alterada. No al revés.
Mientras buscaba algunas notas para esta columna me topé con unas líneas del Tao Te King que expresan mejor mi punto:
“Si el pueblo no teme el peligro/ le amenaza el peor peligro/(...) Si el pueblo no teme la muerte/ ¿cómo atemorizarlo con la muerte? Si el pueblo no teme la muerte/ es porque vive con dificultad/ Por esto no teme la muerte/ Quien vive con mucha dificultad/ No puede estimar la vida”.
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